viernes, 1 de marzo de 2019

EL TERCER PUENTE





Llega una nueva reseña sobre mi "A mano alzada", esta vez del puño del escritor Manuel J. Ruiz Torres 



Ocurre con frecuencia que, al entrar en la sala donde se exponen unos cuadros, dudamos del orden en que debemos empezar a apreciarlos, si iniciar el recorrido por nuestra derecha, si seguir la convención del movimiento de las manecillas del reloj, si ser disciplinados y detenernos en el orden dispuesto o si, en cambio, no sería mejor saltar de una punta a la otra de la exposición, siguiendo sólo el impulso de lo que nos llama para entender mejor lo que esos cuadros, finalmente, nos cuentan. Como también los libros de poemas construyen un relato, estamos predispuestos a leerlos como si fueran una narración lineal, en la cadencia en que aparecen. Creo que es mejor acercarse sin seguir ningún camino marcado a este A mano alzada, que Esther Garboni ha trazado tan visual, en tantos sentidos tan ilustrado, para leerlo desordenándolo, a impulsos, deteniéndose en el asombro de sus muchos detalles. Porque no es un libro históricamente lineal, no desemboca en un desenlace feliz o insuficiente; no acaba en un final que desentrañe y explique, sino que sigue escribiéndose –permanente- al mismo tiempo que se vive. Su abundante metapoesía cumple la función, aquí, de esos dibujos rápidos, a pulso, apuntes tomados de la realidad que le dan sentido. No es la reflexión autista de quien escribe sobre su propia habilidad para escribir, sino la revelación de quien conoce la capacidad de cicatrización de la poesía y la utiliza como parte de la vida misma.
A mano alzada trata, precisamente, de esas cicatrices –emocionales, educativas, sociales- que vamos acumulando y de cómo nos permanecen sus señales, aún sintiéndolas cerradas, pacificadas incluso. También las expresiones del dolor, y lo que nos permite anestesiarlo, tienen graduaciones. De ahí que la propia distribución del libro destaque la importancia de ese sentido de la proporción del daño y lo que lo sana, al agrupar los poemas en tres técnicas pictóricas diferentes que, de nuevo como la vida misma, marcan a profundidades distintas lo que las sostiene. El ácido del aguafuerte corroe lo sensible, el pincel seco impregna en su insistencia, el vino colorea pero solo permanece si el paño es apropiado. Es muy destacable el sutilísimo humor consigo misma con el que escribe los breves textos que, en clave de confidencia, explican esas tres técnicas de pintura. Son guiños que atemperan, con la especial complicidad que la poesía consigue a veces, la dureza con la que trata algunas de sus heridas.
El dolor, visto ya con la distancia de su huella, permite aislarlo en lo que también tiene siempre de injusto, de abuso, de arbitraria intromisión en una existencia que merecimos más pacífica. El dolor llega rompiendo empeños, vacía, deja seca la confianza: “Y borraron a golpes lo que fui”. Costará reponerse. El dolor llega con formas distintas: es violencia de género, es infancia rota, es destierro, es la jaula. Pero también A mano alzada habla de lo que cura; de lo que, capa a capa de determinación, sutura y cicatriza. Nos sugiere algunos remedios: “la palabra que azota y que perturba”, o “el don de la mirada sobre las cosas bellas”, o no olvidar que “no hay montaña sin riesgo”. Suele ser difícil, por supuesto. 

Manuel J. Ruiz Torres

VIRILITY



Os dejo mi poema "Virilidad" traducido e interpretado por la traductora y actriz Gracia Marín:


miércoles, 20 de febrero de 2019

VINO VIEJO


VINO VIEJO

Te bebo en lo que fui.
Bebo el pasado deleitoso
de cuerpos tersos, carne fresca
que se dejaba dorar
al sol de sus mayores.

Bebo mi juventud detenida,
la tuya, nuestros primeros besos,
la sangre joven
que fluía entre piedras centenarias
y viñedos de heráldico misterio.

Retiene este cristal mis mejores años,
los tuyos, nuestro deseo pueril
que cantaba a la vida sin miedo a caer.
Bebo lo que fui y lo que fuiste.
Bebo tu historia, mis pasos
y mi pasión y mi condena y mi memoria.

                                          
                                            E.Garboni

viernes, 8 de febrero de 2019

A los pies de Madrid


Un poema mío de Tarjeta de embarque ha amanecido tatuado 
en la piel de asfalto de Madrid,
gracias a un proyecto de los artistas urbanos de Boa Mistura, 
que llenan de poesía los pasos de peatones de la capital.

domingo, 3 de febrero de 2019

En "La rescisión de Platón"


 

Poemas en "La rescisión de Platón" (pinchar aquí)

Algunos poemas...



Esther post 
Algunos poemas míos en "El tercer puente"

EL TERCER PUENTE

TAMBIÉN SE HA DICHO...

 

 

Esther Garboni: A mano alzada
 
por Alberto García-Teresa

Entonando la ternura desde la indignación, la poesía de Esther Garboni (Sevilla, 1973) construye en un “yo” femenino fuerte aunque con aristas, que se resiste a la sumisión pero que conoce sus contradicciones y el peso de la tradición sobre ella.
Este conjunto de poemas bien construidos, cerrados, con un buen tono lírico, habla de ese conflicto con un registro crítico, pero sin posarse sobre lo cotidiano. Destaca el conjunto de símbolos que emplea al respecto. Sin embargo, en ocasiones destensa y rompe la atmósfera al bajar a lo explícito. De este modo, generalmente consigue levantar una distancia que se manifiesta necesaria para poder reconocer los procesos de humillación y el dolor y, a su vez, tener la capacidad y la valentía para nombrarlos. En efecto, los textos de A mano alzada hablan de la superación, de la liberación de esas servidumbres, de esas situaciones de opresión por el patriarcado. Igualmente, rompe con el amor romántico poniendo la vista atrás, desde lo dañado, aunque en el volumen se recogen también algunos poemas de amor. Estos, sin embargo, se embarcan en la tarea de la busca de otro tipo de relaciones sentimentales que sean respetuosas.
En otras páginas del libro, nos encontramos con una línea de su poesía que juega con la memoria. Garboni extrae lecciones de vida de los recuerdos evocados. Pesa, entonces, la reflexión sobre la muerte y la reorientación de la vida y del vitalismo a partir de esas conclusiones.
Finalmente, hay que señalar la presencia continua de la metapoesía. La escritora se plantea qué es la poesía pero desde una óptica inversa: no de la vida al texto, si no en la constitución de la vida porque, para Garboni, esto que sucede en la vida es poesía. Ahí es donde reside. De esta manera, para Esther Garboni, la poesía supone un asidero constante, pues se presenta como un canto de dignidad, ternura y resistencia ante la adversidad, aunque siempre consciente de sus límites.

RESEÑA EN "ARTES HOY" 

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INVINACIÓN




Al sur de aquel septiembre

vuelve a estar el cielo desnudo

interrogando mapas,

calculando la exacta trayectoria

del cósmico silencio

y la curva del tiempo

en su elipse infinita.

Repetía tu nombre y los pasos hasta ti.

Lo que queda es lo que somos:

la hojarasca, el viento, un poema

 y la muralla.

Otra muralla.

Otro camino, otro sur, otra voz.

Queda lo que no somos:

el vino en una copa.

E.Garboni 


POETA




POETA

Se te dio, poeta, el don de la mirada
sobre las cosas bellas; pudiste ver arder
el mar y encenderse los bosques en la noche.
Se te dio, poeta, el color, el sabor, el tacto
de la belleza.
Se te dio la palabra.
Se te dio la música.
Y a cambio, poeta, se te dio el dolor,
el desgarro infinito, inconsolable, impúdico
de contemplar
cómo lo bello se hace mentira
a poco que alguien se recree en su goce.
Se te dio, poeta, el dolor de saber
que, al cabo, de nada sirve tu palabra.
Es la poesía, y no tú, poeta,
la que resiste al tiempo.
Morirás, poeta,
aunque tuyos sean ahora
el color, el sabor, el tacto… la poesía.


 E.Garboni

RESEÑA EN TODO LITERATURA




Aquí tenéis el enlace donde podéis leer la reseña que, de A mano alzada, han hecho en Todo Literatura: https://www.todoliteratura.es/articulo/poesia/nuevos-poemas-esther-garboni-gozo-escribir-vida/20180803080109048591.html



Esther Garboni reúne sus nuevos poemas en un libro de mundo amplio, de ánimo aullante, de voluntad indomable, de intimidad dañada: \"A mano alzada\", que acaba de publicar Libros de la Herida en su colección ‘Poesía en resistencia’. Tienen estos versos de la autora sevillana mucho de meditación y de hallazgo, de vida en crudo, porque la poesía también es eso: no aceptar lo irremediable, buscar sin equilibrio.
Así lo confiesa Garboni en el poema que da título al libro, situado como puerta de entrada a lo que viene después, un recorrido entre el sentir y el pensar: “Nunca fue recta mi línea, ni firme el pulso, / pero mi palabra es un lápiz afilado / con el que dibujo siempre, / indómitamente, / a mano alzada”. A partir de aquí, una voluntad de ordenar y desordenar la vida a cada verso, con algo de enigma y de estremecimiento.
Como indica su título, A mano alzada se sirve de las artes plásticas, si bien aquí la palabra es la única herramienta a mano de la autora para su aventura. “Solo tengo un idioma heredado y vivo, a veces enemigo, a veces cómplice. / Solo tengo mi voz”, confiesa. Luego, a través de tres técnicas artísticas, ‘Aguafuerte’, ‘Pincel seco’ e ‘Invinación’, Garboni da estructura al libro, donde lo celebratorio y lo trágico coinciden en una misma voz.

En la primera parte, ‘Aguafuerte’, hay poemas de dolor y rabia. También es el espacio de las injusticias sociales, de los repliegues por ser mujer, del impulso por comprender el mundo. Como en la técnica del grabado, que araña la plancha y se sirve del ácido para sacar la imagen, los versos son descarnados, precisos, hirientes: “No queda lo que fui. / Queda la jaula”, dice uno de ellos.
‘Pincel seco’, título de la segunda parte, da a paso a poemas cargados de una rara nostalgia, de origen y de gratitud. A veces sobrevuela algún episodio literario, como el regreso de Lorca desde EE.UU. en el verano de 1930. Otras veces, indaga en el oficio de poeta: “Y, a cambio, poeta, se te dio el dolor, / el desgarro infinito, inconsolable, impúdico, / de contemplar / cómo lo bello se hace mentira /a poco que alguien se recree en su goce”.
Ya en la tercera sección de A mano alzada, ‘Invinación’, aparece en los siete poemas que lo componen un tono de celebración, que conduce de la pasión urgente a las huellas terrestres. El libro se cierra con ‘Epílogo y testamento’, donde los versos estiran la voluntad de la autora, llamada a la poesía como una vocación, como un ejercicio de vivirse más por dentro: “Es la poesía, y no tú, poeta, / la que resiste al tiempo”.