sábado, 1 de agosto de 2020

domingo, 7 de junio de 2020

sábado, 6 de junio de 2020




Os dejo un fragmento de la reseña que, del puño de la prestigiosa Bestia Lectora, ha aparecido en "Poemas del alma": 

La herida que hace sombra

«A mano alzada» es un poemario dividido en tres partes. Cada una de ellas lleva el nombre de una técnica gráfica que le sirve a la autora para plasmar una idea sobre la que tratan los poemas de esa sección. A grandes rasgos podríamos decir que es un libro que usando como punto de partida aspectos relacionados con la identidad, va asomándose a la herida que provoca la búsqueda de esa inquietud, hasta desembocar en la poesía, ese espacio donde las preguntas cobran forma y color.
La primera parte se llama «Aguafuerte», donde el tiempo da valor a la idea y la búsqueda consiste en dar con la imagen invertida; después, viene «Pincel seco», que exige volver con insistencia sobre la obra entendiendo que menos es siempre más; y por último, «Invinación», donde el mejor resultado dependerá del uso que se haga de todos los sentidos sensoriales. Así, a través de la lectura podemos aferrarnos a una mirada inquietante sobre la vida y sus aristas.
¿Por qué relacionar la pintura con el dibujo? Hay también respuestas para eso en este libro. A través de sus poemas, Garboni nos va ilustrando el mapa de la vida, del crecimiento y el cómo la poesía se acerca a nosotros y permite crear una representación no sólo del mundo que nos ha tocado sino también del que nos gustaría. Y en ese sentido la palabra es pintura, herramienta imprescindible para construir un universo en el que sentirnos en casa.
Pero Garboni va todavía un paso más allá, y así como en la técnica del pincel seco donde menos es siempre más, ocurre igual en la vida. Porque la herida aunque duele puede ser vista desde diferentes perspectivas, escrita, tocada, pintada, y al hacerlo podemos transferir esa conciencia del duelo a un nuevo cuerpo, a una nueva idea de la vida, de la experiencia, dejar atrás, eso que se dice tan rápido. Pero con trabajo, paciencia y poesía es posible,
Pero ¿quién dijo que pintar o escribir era cosa de un día? Y en este punto podemos encontrar similitudes entre la escritura y la pintura, con la técnica del pincel seco que exige volver una y otra vez sobre la obra, para perfeccionarla, algo sólo posible con paciencia y trabajo. Un buen consejo, que vale para la vida y también para la poesía.
Así, la construcción de una identidad que evolucione según pasan los años y la experiencia para poder sentir-decir que ya nada queda más que la jaula de aquella que fuimos, el recuerdo de no haber sido felices, de haber vivido en la mentira, en la satisfacción de los deseos y expectativas que otros habían tallado sobre nuestra piel. Garboni vuelve una y otra vez sobre esta idea, tan cultural, tan antigua, y tan contemporánea.


Para leer completa la reseña de la prestigiosa crítica literaria, Tes Neuen, Bestia Lectora, en Poemas del alma, pinchad en el enlace:

https://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/alzada-esther-garboni

Os dejo un fragmento:


viernes, 1 de marzo de 2019

EL TERCER PUENTE





Llega una nueva reseña sobre mi "A mano alzada", esta vez del puño del escritor Manuel J. Ruiz Torres 



Ocurre con frecuencia que, al entrar en la sala donde se exponen unos cuadros, dudamos del orden en que debemos empezar a apreciarlos, si iniciar el recorrido por nuestra derecha, si seguir la convención del movimiento de las manecillas del reloj, si ser disciplinados y detenernos en el orden dispuesto o si, en cambio, no sería mejor saltar de una punta a la otra de la exposición, siguiendo sólo el impulso de lo que nos llama para entender mejor lo que esos cuadros, finalmente, nos cuentan. Como también los libros de poemas construyen un relato, estamos predispuestos a leerlos como si fueran una narración lineal, en la cadencia en que aparecen. Creo que es mejor acercarse sin seguir ningún camino marcado a este A mano alzada, que Esther Garboni ha trazado tan visual, en tantos sentidos tan ilustrado, para leerlo desordenándolo, a impulsos, deteniéndose en el asombro de sus muchos detalles. Porque no es un libro históricamente lineal, no desemboca en un desenlace feliz o insuficiente; no acaba en un final que desentrañe y explique, sino que sigue escribiéndose –permanente- al mismo tiempo que se vive. Su abundante metapoesía cumple la función, aquí, de esos dibujos rápidos, a pulso, apuntes tomados de la realidad que le dan sentido. No es la reflexión autista de quien escribe sobre su propia habilidad para escribir, sino la revelación de quien conoce la capacidad de cicatrización de la poesía y la utiliza como parte de la vida misma.
A mano alzada trata, precisamente, de esas cicatrices –emocionales, educativas, sociales- que vamos acumulando y de cómo nos permanecen sus señales, aún sintiéndolas cerradas, pacificadas incluso. También las expresiones del dolor, y lo que nos permite anestesiarlo, tienen graduaciones. De ahí que la propia distribución del libro destaque la importancia de ese sentido de la proporción del daño y lo que lo sana, al agrupar los poemas en tres técnicas pictóricas diferentes que, de nuevo como la vida misma, marcan a profundidades distintas lo que las sostiene. El ácido del aguafuerte corroe lo sensible, el pincel seco impregna en su insistencia, el vino colorea pero solo permanece si el paño es apropiado. Es muy destacable el sutilísimo humor consigo misma con el que escribe los breves textos que, en clave de confidencia, explican esas tres técnicas de pintura. Son guiños que atemperan, con la especial complicidad que la poesía consigue a veces, la dureza con la que trata algunas de sus heridas.
El dolor, visto ya con la distancia de su huella, permite aislarlo en lo que también tiene siempre de injusto, de abuso, de arbitraria intromisión en una existencia que merecimos más pacífica. El dolor llega rompiendo empeños, vacía, deja seca la confianza: “Y borraron a golpes lo que fui”. Costará reponerse. El dolor llega con formas distintas: es violencia de género, es infancia rota, es destierro, es la jaula. Pero también A mano alzada habla de lo que cura; de lo que, capa a capa de determinación, sutura y cicatriza. Nos sugiere algunos remedios: “la palabra que azota y que perturba”, o “el don de la mirada sobre las cosas bellas”, o no olvidar que “no hay montaña sin riesgo”. Suele ser difícil, por supuesto. 

Manuel J. Ruiz Torres

VIRILITY



Os dejo mi poema "Virilidad" traducido e interpretado por la traductora y actriz Gracia Marín:


miércoles, 20 de febrero de 2019

VINO VIEJO


VINO VIEJO

Te bebo en lo que fui.
Bebo el pasado deleitoso
de cuerpos tersos, carne fresca
que se dejaba dorar
al sol de sus mayores.

Bebo mi juventud detenida,
la tuya, nuestros primeros besos,
la sangre joven
que fluía entre piedras centenarias
y viñedos de heráldico misterio.

Retiene este cristal mis mejores años,
los tuyos, nuestro deseo pueril
que cantaba a la vida sin miedo a caer.
Bebo lo que fui y lo que fuiste.
Bebo tu historia, mis pasos
y mi pasión y mi condena y mi memoria.

                                          
                                            E.Garboni

viernes, 8 de febrero de 2019

A los pies de Madrid


Un poema mío de Tarjeta de embarque ha amanecido tatuado 
en la piel de asfalto de Madrid,
gracias a un proyecto de los artistas urbanos de Boa Mistura, 
que llenan de poesía los pasos de peatones de la capital.

domingo, 3 de febrero de 2019

En "La rescisión de Platón"


 

Poemas en "La rescisión de Platón" (pinchar aquí)

Algunos poemas...



Esther post 
Algunos poemas míos en "El tercer puente"

EL TERCER PUENTE

TAMBIÉN SE HA DICHO...

 

 

Esther Garboni: A mano alzada
 
por Alberto García-Teresa

Entonando la ternura desde la indignación, la poesía de Esther Garboni (Sevilla, 1973) construye en un “yo” femenino fuerte aunque con aristas, que se resiste a la sumisión pero que conoce sus contradicciones y el peso de la tradición sobre ella.
Este conjunto de poemas bien construidos, cerrados, con un buen tono lírico, habla de ese conflicto con un registro crítico, pero sin posarse sobre lo cotidiano. Destaca el conjunto de símbolos que emplea al respecto. Sin embargo, en ocasiones destensa y rompe la atmósfera al bajar a lo explícito. De este modo, generalmente consigue levantar una distancia que se manifiesta necesaria para poder reconocer los procesos de humillación y el dolor y, a su vez, tener la capacidad y la valentía para nombrarlos. En efecto, los textos de A mano alzada hablan de la superación, de la liberación de esas servidumbres, de esas situaciones de opresión por el patriarcado. Igualmente, rompe con el amor romántico poniendo la vista atrás, desde lo dañado, aunque en el volumen se recogen también algunos poemas de amor. Estos, sin embargo, se embarcan en la tarea de la busca de otro tipo de relaciones sentimentales que sean respetuosas.
En otras páginas del libro, nos encontramos con una línea de su poesía que juega con la memoria. Garboni extrae lecciones de vida de los recuerdos evocados. Pesa, entonces, la reflexión sobre la muerte y la reorientación de la vida y del vitalismo a partir de esas conclusiones.
Finalmente, hay que señalar la presencia continua de la metapoesía. La escritora se plantea qué es la poesía pero desde una óptica inversa: no de la vida al texto, si no en la constitución de la vida porque, para Garboni, esto que sucede en la vida es poesía. Ahí es donde reside. De esta manera, para Esther Garboni, la poesía supone un asidero constante, pues se presenta como un canto de dignidad, ternura y resistencia ante la adversidad, aunque siempre consciente de sus límites.

RESEÑA EN "ARTES HOY" 

.

INVINACIÓN




Al sur de aquel septiembre

vuelve a estar el cielo desnudo

interrogando mapas,

calculando la exacta trayectoria

del cósmico silencio

y la curva del tiempo

en su elipse infinita.

Repetía tu nombre y los pasos hasta ti.

Lo que queda es lo que somos:

la hojarasca, el viento, un poema

 y la muralla.

Otra muralla.

Otro camino, otro sur, otra voz.

Queda lo que no somos:

el vino en una copa.

E.Garboni